07 octubre, 2018

Contigo, todos los días

Contigo, que me das luz.
Que me buscas en las noches de luna nueva,
y agarras con fuerza mis manos temblorosas.

Contigo, todos los días.

Contigo, que me das paz.
Que no tienes miedo de mis días tormentosos,
y pones en calma mi mar de dudas.

Contigo, todos los días.

Contigo, que me buscas.
Que llamas a mi puerta cada día,
y si no abro, te cuelas por la ventana.

Contigo, todos los días.

Contigo, que caminas a mi lado.
Que me esperas, paciente,
y me empujas a amarte, seguirte y adorarte.

Contigo, todos los días.




28 septiembre, 2018

Pongámonos las alas

Porque no siempre estamos
donde tenemos que estar,
hoy mancho mis manos
con lágrimas de tinta.

Porque no siempre somos
quienes tenemos que ser,
dejo en la puerta
la máscara de los jueves.

Por el tiempo que no pasamos
con quien espera
en la puerta nuestra llegada,
con los brazos abiertos.

Y por el que regalamos sin sentido
a todo lo que nos consume en silencio,
nutriéndose de nuestro engaño
para avanzar...

El tiempo vuela.

Pongámonos las alas.

Porque nos equivocaremos muchas veces.
Confundiremos izquierda con derecha.
Arriba con abajo.

Pensaremos que vamos bien,
y estaremos equivocados.

Suerte de las veces
que confundimos los errores,
y al final nos damos cuenta
de que no lo son.

Que lo hemos hecho bien.
Que nuestro "acto de rebeldía"
nos ha llevado a la meta.
Que hemos llegado
donde teníamos que llegar.

Benditas las noches que me pierdo
en la negrura del cielo
y termino encontrándome en la luna,
con personas que son estrellas.

06 septiembre, 2018

En estado de anestesia


















Estamos anestesiados.

No sé si es la televisión, Internet, el consumismo, el sistema capitalista... Tal vez Netflix.
No sé de dónde vendrá la inyección, pero por aquí vivimos anestesiados.

Estamos en ese momento después de la operación en el que eres consciente de que te han abierto en canal y tienes una raja sellada con puntos de arriba a abajo de la barriga.
Sabes que tienes la herida, pero no la sientes, porque en el momento de duermevela no has llegado a despertarte de la anestesia, y sigue haciendo su efecto de arrancarte de la piel el dolor.
Más bien hace el efecto de tapar el dolor, porque arrancarlo sería eliminarlo y dejar de sentirlo, y lo que hace la anestesia de alguna manera es aplazarlo, dejarlo para más tarde. Como esa pila de ropa que se deja sobre la silla para planchar mañana. O ese mensaje de Whatsapp que dejas en leído para contestar después. Cuando haya tiempo.

Así vivimos.

En un estado de anestesia permanente. Dejando para después todos esos dolores del mundo que nos incomodan y hacen saltar las alarmas de humanidad que, por el hecho de ser humanos, llevamos implantadas, ya sea bajo una capa de piel o bajo un millón de capas de piedras en el corazón.

Así vivimos.

Intentando tapar con ibuprofenos los dolores que provocan las bombas al caer sobre hospitales. Poniéndole una venda a los niños en el fondo de océanos. Haciendo oídos sordos a los besos que ya nunca cantarán. Escondiendo soledades tras emojis de sonrisas.

Así vivimos.

Como si no fuese a pasar la anestesia. Como si mirar para otro lado fuese suficiente para no ver el dolor.

Que igual el nivel del mar no sube por el cambio climático. Que igual es por las lágrimas de los que se asoman al acantilado después de despertar de la anestesia.

05 julio, 2018

Una oportunidad

Me pides paciencia.
Y mi reloj de arena hace ya tiempo que dejó de funcionar, y la arena se hizo polvo, y el polvo, aire,
y la alergia de la primavera solo hace que el pobre reloj no sea capaz más que de estornudar segundos.

Me pides confianza.
Pero yo ya no sé qué más puedo darte, si desde que mis manos quedaron desnudas, la confianza es lo único que he podido ofrecerte, aún sabiendo que te lo daba todo y me quedaba desprotegida, rendida a tu voluntad sobre mi cuerpo, mi alma, mi vida.

En resumen, me pides amor.
Como si no te amase ya desde la primera vez que tu boca se encaró con mi pupila, y tu risa se convirtió en mi escalofrío, y mi alma pasó a ser tuya, dejando de ser mía.

Y entre todo lo posible, no se me ocurre más que pedirte una oportunidad.
Porque ya te amo, y confío en ti, y tengo la paciencia para esperarte siete vidas, si hace falta.
Pero me falta una oportunidad.

La oportunidad para que me dejes acercarme a tus barreras de defensa, donde aprenderé a amarte con paciencia, y a dejarme amar.

Porque si mi amor viene de ti, y tu amor sale de mí,
¿qué hacemos que no estamos corriendo hacia el futuro cogidos de la mano?

01 julio, 2018

Felicidad

El rayo de sol que se cuela por la ventana después de una noche de calor entre las sábanas y caricias bajo la luna.

El vuelo de un pájaro que sale de su árbol en busca de la rama que le espera, paciente, para construir su nido.

La niña que se mancha la boca con el chocolate de un helado mientras salta la rayuela en el parque del colegio.

Respirar el aire limpio del río sobre el puente de piedra que sostiene nuestros pasos.

La mariposa dejando atrás su vida de oruga, envuelta en la crisálida rota, y abriendo sus alas para demostrar al mundo que el cambio todavía es posible.

La risa de ese padre.

El orgullo de una madre.

Las lágrimas frente al espejo, reflejo del esfuerzo que como resultado deja un trabajo bien hecho.

La mirada de aquel que no teniendo nada, sabe que lo tiene todo caminando de su mano.

El olor de una noche de verano, tumbada en el césped, mirando las estrellas.

Ver nevar con la mejilla pegada al cristal de la ventana, sintiendo el calor de una taza de café en las manos.

Mirar la puesta de sol en el horizonte desde un acantilado cualquiera en una costa cualquiera.

Mi piel erizándose tras la descarga que provoca tu sonrisa en mi mirada.

La felicidad es verte aparecer tras la esquina un instante antes de decidir abandonar aquella plaza.