16 marzo, 2018

Estrellas

Difícil.
Difícil podría ser la palabra que definiera la vida.
Difícil por las situaciones a las que nos enfrentamos cada día, y difícil también por las decisiones que vamos tomando en cada una de ellas.

No lo sería tanto con algunas indicaciones, con un pequeño manual de instrucciones.

Y el caso es que esas guías existen, pero igual que es difícil la vida, también lo es encontrarlas. Identificar esas pequeñas cosas que, como estrellas, nos van guiando y ayudando a continuar nuestros caminos no es para nada fácil. Pero lo importante es que existen. Aunque no siempre las veamos, las estrellas están ahí, detrás de las nubes o eclipsadas por la luz del sol, esperando al momento justo para empezar a desprender su magia. Y eso es suficiente para estar alertas, para animarnos a buscarlas, a abrir los ojos para verlas cuando aparezcan.

El reto que cada uno de nosotros tenemos es aprender a identificar cómo son nuestras estrellas. Únicas y diferentes ante cada mirada que las observe, independientemente de que sea la letra de una canción, un sueño, una conversación robada en el metro o el cruce de miradas con un desconocido. Cada persona tendrá sus estrellas y las encontrará en el momento justo, cuando su mirada y su corazón estén preparados para seguirlas.

Da igual de qué manera se presente aquello que nos haga ver qué decisión debemos tomar o por qué puerta tenemos que continuar nuestro viaje.

Lo importante es que esas señales, esas estrellas, están ahí, y muchas veces más cerca de lo que pensamos.

Tan cerca que incluso nos cuesta distinguirlas en medio de la rutina y de las sombras que se instalan poco a poco en nuestra vida. Tan cerca que incluso pueden llegar a ser parte de nosotros mismos.

Porque a veces la única indicación que necesitamos es aquella que aparece en nuestro corazón al cerrar los ojos y escuchar en el silencio.


14 marzo, 2018

Aunque sea una locura

Podría decirte que será fácil.
Jurarte amor eterno.
Agarrar tu mano con fuerza y tirar de ti.

Arrancarte de tu mundo, ese con tantas raíces,
para traerte a este mío,
en el que abunda la sombra,
y no precisamente la del árbol bajo el sol.

Podría decirte que no hay por qué tener miedo.
Que los monstruos sólo están en tu cabeza,
y que si los miras a la cara
se asustan y desaparecen.

Podría intentar decirte tantas cosas,
convencerte de que éste es el camino,
que vamos bien,
que no nos vamos a equivocar.

Y te estaría mintiendo.

Porque sé que no será fácil.
Que en mi cabeza también hay monstruos
que parecen muy reales.
Que no tengo ni idea
de si éste es el camino.

Pero sí puedo decirte
que debemos intentarlo.

Aunque sea una locura.

14 junio, 2017

Lo intenté

Juro que lo intenté con todas mis fuerzas.
Con toda mi alma.

Intenté convencerte de que era posible.
De que juntos podíamos conseguirlo.
Convencerte de que tu pasado no era tan fuerte 
como para aplastar tu futuro.
Y mucho menos el nuestro.

Intenté hacerte ver que la oscuridad que había en tu mente 
no era ni una mota comparada con la gran luz 
que podíamos desprender al cogernos de la mano.

Lo intenté.

Dándolo todo, dejándome la piel.
Y nunca me importó llamar a tu puerta 57 veces, 
sabiendo que no me habías abierto las 56 anteriores.
Trepar hasta tu ventana sin cuerdas ni escaleras.
Chocarme contra tu muro 83 veces, 
y aun así, empezar la carrera 84.

Lo intenté.

Intenté que creyeras en mí.
Que confiases en mí y dejases atrás tus miedos y tus dudas.
Que creyeras en un nosotros.
Pero, sobre todo, que creyeras en ti.

Y fracasé.
Mis ganas no fueron suficientes, 
y con todos mis intentos fracasé.

Cómo me gustaría tener las fuerzas suficientes 
para seguir intentando salvarte...

Pero no, ya no puedo.


Mejor utilizar lo poco que me queda 
para intentar salvarme a mí.

22 mayo, 2017

Nuevas oportunidades


A veces la vida es tan amable que nos brinda nuevas oportunidades.

Qué generosa.

Pueden ser muchas las formas que adopte, pero lo importante es saber verlas y saber reconocerlas a tiempo. Que no es tarea tan fácil como parece.

A veces un nuevo amanecer es suficiente. Con una sola vez que volvamos a abrir los ojos por la mañana y que los rayos del sol vuelvan a colarse por las rejillas de nuestra ventana, sólo con eso, ya es suficiente para identificar la oportunidad que se nos da de vivir un nuevo día y de aprovecharlo al máximo. Sin perder el tiempo en tonterías.

Otras veces estamos tan ciegos o tan metidos en la absurda rutina de nuestras vidas, que solo somos capaces de ver las nuevas oportunidades acompañadas de fracasos o tragedias. Por ejemplo, cuando sufrimos un accidente, nos despiden del trabajo o una enfermedad aparece de repente en nuestro camino o en el de alguno de nuestros seres queridos más cercanos.

Qué triste.

Un nuevo peinado, un cambio de ciudad, de casa, de trabajo…
Un nuevo amanecer…

Todo son nuevas oportunidades que la vida nos va dando. Nuevos caminos que van apareciendo en nuestro viaje y nuevas puertas que se van abriendo al caminar. Y una vez que aprendemos a verlas viene la parte más importante: APROVECHARLAS.

Enfrentarnos a ellas, encararnos a ese camino, a esa nueva puerta abierta, sin miedo. Sabiendo que cada oportunidad es una nueva esperanza, un nuevo impulso para seguir avanzando. Para superarnos, para ser mejores y hacer las cosas mejor. Juntos. Unidos.


Aprendiendo, avanzando, perdonando(nos), amando(nos).  

03 noviembre, 2015

Carreras que llevan a trenes perdidos

     Puede que haya oportunidades en la vida que sólo se presenten una vez. Trenes que, como fantasmas, pasan silenciosos por la estación en la que duermes, silbando suavemente entre sueños y quimeras.

     Y es al alejarse de la estación cuando abres los ojos, te das de cuenta que no era un sueño, que el tren en realidad ha pasado a pocos centímetros de ti, casi rozándote, y te maldices por no haber estado lo suficientemente despierto para saltar a ese tren, en marcha y sin pensarlo dos veces.

     En la oscuridad y el silencio de la estación vuelves hacia ti tu pensamiento, hacia ese tren, esa oportunidad perdida, mientras el humo de la locomotora se lleva consigo tus sueños, tus esperanzas, todo aquello que (crees) te faltaba en la vida para ser feliz, para sentirte vivo, comprendido y completo.

     Sin embargo, el viejo reloj de la estación te devuelve a la realidad. Es imposible parar el tiempo, y mucho más hacerlo retroceder. Tu oportunidad ha pasado, y no has sabido verla ni escucharla. Ahora sólo te queda una opción que elegir...

Correr.

     Correr como no has corrido nunca para llegar a la próxima estación, justo a tiempo para saltar a ese tren. TU tren. Porque tal vez no vuelva a pasar nunca por tu estación a buscarte, pero nada ni nadie te ata para que no puedas ser tú quien vaya en su busca.

Corre, aún estás a tiempo...