13 abril, 2020

Levántate

"'Levántate' significa también 'sueña', 'arriesga','comprométete para cambiar el mundo', enciende de nuevo tus deseos, contempla el cielo, las estrellas, el mundo a tu alrededor. 'Levántate y sé lo que eres'."
Mensaje del Papa Francisco a los jóvenes para la JMJ 2020 

Levántate.
Abre los ojos.
Abre las ventanas.
Desempolva los sueños.
Deja entrar el aire fresco de un nuevo amanecer.
Deja que la luz vuelva a dar color a las sombras de tu habitación.
Fiel reflejo de tu paso por la vida.

Levántate.
Limpia las cenizas que dejó
el humo de tu pasado bajo tu cama.
Devuelve la calma a tu corazón en tinieblas.
Despierta esos sueños que un día quedaron dormidos.
Mira en lo profundo de ese espejo, busca el reflejo de la sonrisa
que quedó allí perdida.

Levántate.
Levanta los ojos al cielo.
Vuelve a mirar la luz de las estrellas.
Déjate mojar por el rocío fresco de la mañana.
Vuelve a la vida.
Sal de la comodidad de tu concha.
No brilla la belleza de la perla si no le da la luz de frente.

Levántate.
No tengas miedo de pisar la tierra descalzo.
Sentir el frío bajo los pies es también señal de seguir vivo.
No tengas miedo de arriesgar, de apostar, de gastar la vida por amor.
No tengas miedo de dejarte tocar por la luz para poder iluminar a tu paso.

Levántate.
Sigue soñando.
Sigue arriesgando.
Aunque nada parezca tener sentido.
Aunque el camino parezca no tener fin.
Aunque la oscuridad se instale en tu retina.

Sigue amando.
Sigue viviendo.
Sigue perdonando.
Sigue buscando ser auténtico.
Sigue apostando por algo más grande.
Sigue buscándote para encontrarte.
Sigue siendo lo que eres.

Porque eres hermoso.
Eres precioso.
Eres valioso.

Eres.

11 abril, 2020

Era necesario



Era necesario que te fueras,
aun dejándome a oscuras y marchita,
para que mi corazón se ensanchase
al llenarse con tu aliento.

Era necesario que te fueras
para que mi mirada pudiese volver
sin miedo hacia esa luz
que siembras en mis entrañas.

Era necesario que te fueras
para que entendiese
que la clave no está en tenerte cerca,
sino en aprender a verte.

09 marzo, 2020

La semilla



Callada, ciega y en tinieblas.
En la sombra se resguarda
soñando con la luz del sol.
Recordando aquellos tiempos
en los que la bañaba,
atravesando su caparazón.

Duerme ahora la semilla,
al abrigo de la tierra en que cayó.
Una tierra en que se ahoga,
que la cubre, áspera, y la rompe,
con el dolor que provoca la muerte
al romper el sueño de lo que creía
que era lo mejor.

Ya no hay luz.
Ya no hay vida.
Solo miedo.
Solo dolor.

No conoce la semilla
que en la espera
se transforma y crece.
Que el agua le da vida
y que el viento la mece.

Y afuera todos esperando
que sus raíces se hagan fuertes
para poder sostener el peso
de aquello más grande
en que su vida se convierte.

Muere débil la semilla
sabiendo que su dolor
queda en nada al compararlo 
con la alegría de algún día
volver a ver el sol.

02 diciembre, 2019

Sensación de hogar


















¿Has tenido alguna vez la sensación de estar con una persona y sentirte "en casa"?
Da igual el sitio donde estés, lo que haya a tu alrededor. Es una sensación que te invade al estar con esa persona, y de repente te sientes en casa. Tienes la sensación de hogar.

Tu casa es tu refugio. El lugar donde te sientes seguro, protegido. El lugar donde puedes hacer el tonto si te apetece, quitarte las máscaras, bailar desnudo delante del espejo si te apetece. Tu casa es el lugar donde no te hace falta fingir, donde puedes ser tú mismo sin tapujos, donde te conocen tan bien que ni siquiera te hace falta hablar. Lo piensas y lo tienes.

Tu casa es el lugar donde te sientes amado.

Es difícil dejar la casa. Lo sé por experiencia. Cuando tienes que marchar y salir de allí donde has sido, te ves en la calle y te sientes desnudo, desprotegido. No sabes cómo ser.

La misma sensación te invade con las personas que son casa, refugio, hogar.

Cuando tienes que dejarlas, sales a la calle y te sientes desnudo, perdido frente a las miradas de los demás. Y no sabes cómo ser. Cuándo regalar sonrisas, cuándo agachar la cabeza, cuándo cruzar bailando o cuándo pasar de largo sin mirar.

Cuando sales de personas que son casa todo es miedo y desconfianza.

Con el tiempo te vas acostumbrando a vivir en la calle, de acá para allá, dando tumbos entre pensiones de una noche. Buscando entre las sombras algún anhelo de hogar.

A veces, incluso intentas construirte tu propia casa, y pintas las paredes, intentando que no parezcan el cartón que en realidad es.

Pero lo es.

Y cuando llega el invierno, con las primeras lluvias y las siguientes nevadas, la pintura se cae. Las paredes se arrugan, el techo se agrieta. El alma se desmorona.

No te queda sitio donde esconderte.
Vuelves a estar a la intemperie.
Vuelves a echar de menos tu hogar.

11 noviembre, 2019

Llámame borrego y pídeme que te apoye


Me hace gracia que los mismos a los que se les llena la boca llamando a la gente 'tontos', 'borregos', 'paletos', etc. sean los mismos que se cubren con la bandera de la igualdad, la defensa de los Derechos Humanos y la lucha por el bienestar de las personas. Los que se supone que siempre apuestan por mejorar la vida del pueblo. Ese pueblo al que llaman 'tonto', 'borrego', 'paleto', etc.

Yo, personalmente, me fiaría muy poco de quien dice luchar por mis derechos a la vez que me llama o me cree 'borrego'... ¿Dónde queda ahí mi dignidad? ¿Dónde queda ahí mi capacidad de decidir por mí mismo? ¿Dónde quedan ahí mis derechos, esos por los que tú (que me llamas borrego) luchas?

La gente no es tonta. La gente que ha ido este domingo a votar no son una panda de borregos abducidos que siguen al redil sin saber lo que hacen. La gente sabe bien lo que hace. Saben bien a quién votan y cada uno sabrá por qué.

Creo que cometemos un grave error como sociedad menospreciando a tanta gente de este país que ha ido a votar de acuerdo con sus pensamientos. Sean cuales sean estos, y por muy diferentes que sean de los nuestros. Nos equivocamos al creer que nuestro voto vale más que el de nuestro vecino, nuestra hermana o nuestro padre, porque se corresponde con nuestro pensamiento. Esto solo acentúa las diferencias, crea enfrentamientos, alimenta el odio y el resentimiento.

No sé cuál es la solución al problema que desde hace mucho tiempo (pero más desde ayer) tenemos en España. Tampoco pretendo buscarla en este artículo, porque no creo que haya una única solución. Probablemente haya casi tantas soluciones como personas vivimos en este país. No sé cuál puede ser la solución, pero me duele.

Me duele que nos pisemos e insultemos unos a otros, que nos menospreciemos, echando por tierra nuestra dignidad humana. Me duele que las personas, con sus necesidades y problemas no estén nunca al nivel de los egoísmos, ansias de poder e intereses personales de los dirigentes de unos y otros partidos. Me duele que estando todos enfermos, nos quedemos en ver quién aguanta mejor la agonía, en lugar de ir juntos a buscar la medicina.

No me gusta esta situación. Me da miedo. Me da rabia. Me enfada.

Pero cerrar los ojos y pedir un deseo no va a hacer que cambie. Y mucho menos va a hacer cambiar el pensamiento y la forma de ver las cosas a millones de personas. Negar el problema o pasar de él tampoco va a hacer que desaparezca. Lo va a hacer crecer.

Y el problema no es de la gente que vota. Es de quien nos anima a votar por injusticias, odios, egoísmos y resentimientos, haciéndonos creer que son buenos. Jugando con nuestra ilusión, nuestras necesidades y nuestras circunstancias, pero sin interesarse para nada en ellas. Menospreciando nuestra dignidad tanto como aquellos que nos llaman 'tontos', 'borregos', 'paletos'.

No sé cuál será la solución, pero creo que el primer análisis que tenemos que hacer cada uno de los que tenemos capacidad de decisión en este país es un análisis personal. Un análisis que pase por el reconocimiento de nuestra dignidad humana, partiendo de una mirada honesta y humilde hacia nuestro voto y nuestros pensamientos.

A lo mejor no son tan limpios como creemos.
A lo mejor no son tan buenos como parecen.
A lo mejor el egoísmo al que votamos no es tan diferente del egoísmo al que vota nuestro vecino.
A lo mejor.

O a lo peor.
Quién sabe.