14 marzo, 2018

Aunque sea una locura

Podría decirte que será fácil.
Jurarte amor eterno.
Agarrar tu mano con fuerza y tirar de ti.

Arrancarte de tu mundo, ese con tantas raíces,
para traerte a este mío,
en el que abunda la sombra,
y no precisamente la del árbol bajo el sol.

Podría decirte que no hay por qué tener miedo.
Que los monstruos sólo están en tu cabeza,
y que si los miras a la cara
se asustan y desaparecen.

Podría intentar decirte tantas cosas,
convencerte de que éste es el camino,
que vamos bien,
que no nos vamos a equivocar.

Y te estaría mintiendo.

Porque sé que no será fácil.
Que en mi cabeza también hay monstruos
que parecen muy reales.
Que no tengo ni idea
de si éste es el camino.

Pero sí puedo decirte
que debemos intentarlo.

Aunque sea una locura.

14 junio, 2017

Lo intenté

Juro que lo intenté con todas mis fuerzas.
Con toda mi alma.

Intenté convencerte de que era posible.
De que juntos podíamos conseguirlo.
Convencerte de que tu pasado no era tan fuerte 
como para aplastar tu futuro.
Y mucho menos el nuestro.

Intenté hacerte ver que la oscuridad que había en tu mente 
no era ni una mota comparada con la gran luz 
que podíamos desprender al cogernos de la mano.

Lo intenté.

Dándolo todo, dejándome la piel.
Y nunca me importó llamar a tu puerta 57 veces, 
sabiendo que no me habías abierto las 56 anteriores.
Trepar hasta tu ventana sin cuerdas ni escaleras.
Chocarme contra tu muro 83 veces, 
y aun así, empezar la carrera 84.

Lo intenté.

Intenté que creyeras en mí.
Que confiases en mí y dejases atrás tus miedos y tus dudas.
Que creyeras en un nosotros.
Pero, sobre todo, que creyeras en ti.

Y fracasé.
Mis ganas no fueron suficientes, 
y con todos mis intentos fracasé.

Cómo me gustaría tener las fuerzas suficientes 
para seguir intentando salvarte...

Pero no, ya no puedo.


Mejor utilizar lo poco que me queda 
para intentar salvarme a mí.

22 mayo, 2017

Nuevas oportunidades


A veces la vida es tan amable que nos brinda nuevas oportunidades.

Qué generosa.

Pueden ser muchas las formas que adopte, pero lo importante es saber verlas y saber reconocerlas a tiempo. Que no es tarea tan fácil como parece.

A veces un nuevo amanecer es suficiente. Con una sola vez que volvamos a abrir los ojos por la mañana y que los rayos del sol vuelvan a colarse por las rejillas de nuestra ventana, sólo con eso, ya es suficiente para identificar la oportunidad que se nos da de vivir un nuevo día y de aprovecharlo al máximo. Sin perder el tiempo en tonterías.

Otras veces estamos tan ciegos o tan metidos en la absurda rutina de nuestras vidas, que solo somos capaces de ver las nuevas oportunidades acompañadas de fracasos o tragedias. Por ejemplo, cuando sufrimos un accidente, nos despiden del trabajo o una enfermedad aparece de repente en nuestro camino o en el de alguno de nuestros seres queridos más cercanos.

Qué triste.

Un nuevo peinado, un cambio de ciudad, de casa, de trabajo…
Un nuevo amanecer…

Todo son nuevas oportunidades que la vida nos va dando. Nuevos caminos que van apareciendo en nuestro viaje y nuevas puertas que se van abriendo al caminar. Y una vez que aprendemos a verlas viene la parte más importante: APROVECHARLAS.

Enfrentarnos a ellas, encararnos a ese camino, a esa nueva puerta abierta, sin miedo. Sabiendo que cada oportunidad es una nueva esperanza, un nuevo impulso para seguir avanzando. Para superarnos, para ser mejores y hacer las cosas mejor. Juntos. Unidos.


Aprendiendo, avanzando, perdonando(nos), amando(nos).  

03 noviembre, 2015

Carreras que llevan a trenes perdidos

     Puede que haya oportunidades en la vida que sólo se presenten una vez. Trenes que, como fantasmas, pasan silenciosos por la estación en la que duermes, silbando suavemente entre sueños y quimeras.

     Y es al alejarse de la estación cuando abres los ojos, te das de cuenta que no era un sueño, que el tren en realidad ha pasado a pocos centímetros de ti, casi rozándote, y te maldices por no haber estado lo suficientemente despierto para saltar a ese tren, en marcha y sin pensarlo dos veces.

     En la oscuridad y el silencio de la estación vuelves hacia ti tu pensamiento, hacia ese tren, esa oportunidad perdida, mientras el humo de la locomotora se lleva consigo tus sueños, tus esperanzas, todo aquello que (crees) te faltaba en la vida para ser feliz, para sentirte vivo, comprendido y completo.

     Sin embargo, el viejo reloj de la estación te devuelve a la realidad. Es imposible parar el tiempo, y mucho más hacerlo retroceder. Tu oportunidad ha pasado, y no has sabido verla ni escucharla. Ahora sólo te queda una opción que elegir...

Correr.

     Correr como no has corrido nunca para llegar a la próxima estación, justo a tiempo para saltar a ese tren. TU tren. Porque tal vez no vuelva a pasar nunca por tu estación a buscarte, pero nada ni nadie te ata para que no puedas ser tú quien vaya en su busca.

Corre, aún estás a tiempo...

22 mayo, 2015

Me siento débil ante la incertidumbre.

¿Qué será aquello que reluce, 
lo que se esconde tras la esquina,
lo que deslumbra al que lo mira,
lo que nos crea un anhelo,
un deseo incansable de alcanzarlo?

¿Qué será lo que se nos promete?

Tal vez palabras falsas,
cenizas disfrazadas de pan de oro falso.
O tal vez sea un futuro de éxitos,
que calme nuestros anhelos y esperanzas.

Sea lo que sea, me siento débil.

Dejar atrás mi vida, mi familia, mis amigos, mis compañeros, al fin y al cabo, de sueños y senderos...

Y aquí estamos ahora, frente al precipicio, y nos preguntamos, ¿Qué hacemos? ¿Saltamos o no?
La orilla parece tan cómoda y confortable... y el fondo del mar tan lejano y oscuro...

Pero no lo sabemos.
Tal vez nuestro sueño se encuentre allí, en el fondo del mar, y la única manera de alcanzarlo sea aprendiendo a bucear, dejándonos llevar por las mareas...

Ya estamos aquí. Hemos llegado a nuestro punto de inflexión. Aquel que anhelábamos y temíamos, a la vez que trabajábamos día y noche para construir el puente que, una vez en la cima, nos ayudará a llegar al esperado valle.

Un valle de dudas. De sueños cumplidos y por cumplir. De miedos a lo desconocido y de esperanzas. Hemos llegado a la cima. Podemos incluso rozar la panza esponjosa de las nubes con los dedos...
Pero no podemos abandonar ahora, montar aquí nuestro campamento a la espera de que un avión perdido nos recoja, o a que nos haga volar un vendaval. No habría servido de nada nuestro esfuerzo.

Y yo os digo que sí. Que sí han valido la pena estos nueve meses de trabajo. Las tensiones, los nervios, las noches de insomnio... Todo ha valido la pena. Porque hoy estamos aquí, y porque hemos sido capaces de lograr lo que muchos ni siquiera intentaron. Por todo, podemos permitirnos el lujo de considerarnos un poquito superhéroes.

A base de esfuerzo y trabajo hemos alcanzado nuestro mayor objetivo, y no podemos abandonar ahora, dejando en la estacada a todos los que nos han ayudado a llegar (con más o menos fuerzas) al final de este intenso curso. Profesores, familiares y amigos que, a empujoncitos y con mucha paciencia, nos han ido ayudando a escalar la montaña y a hacer un poco más llevadera nuestra carga. Por ellos, y por nosotros, no podemos tirar la toalla.

Es ahora cuando tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos, para reforzar ese puente que nos llevará a los cambios, la nueva vida, la universidad, los sueños que tanto hemos deseado alcanzar... Y seguirá siendo nuestro esfuerzo y nuestra constancia la que nos llevará hasta ellos.

A todos los que habéis terminado una etapa (o estáis a punto de hacerlo): ¡MUCHA SUERTE!
Y a todos los que habéis formado parte de la mía, y de una u otra forma me habéis ayudado a llegar hasta aquí: ¡MUCHAS GRACIAS!